jueves, 19 de septiembre de 2019



Su nombre se derrite, se oculta, se esconde como derretido del flujo de una cepa que cae lentamente. Cicatrizando en la tierra.  El café y el corazón son de un mismo latir.Los bares, y saber que no hay, ni habrá nada en este mundo como ella. Y el silencio. La complacencia. El agua y la boca, saciados. Arboles y luces en la inmensidad del silencio, en la noche espectral.  La leyenda negra y los años lujuriosos. Y esta vez a ella le toca, en su risa, mi oscuridad. Y la navaja recortando el filo del cielo de las ciudades muertas. Y todo queda paralizado, queda suspendida la vida. Pese a su latir terco, socorrido e insistente.

jueves, 11 de julio de 2019


En cualquier lado se abre como una flor desgarrada el miedo. Sin previo aviso. Porque sí. La ausencia, las fuerzas ajenas y la infructuosa esperanza en la resurrección. El espacio que ocupo, y la sangre que yo contengo, son poco más que nada, si pienso en la totalidad. En todo cuanto nos rodea y no me dice nada, pero siento como me consume lentamente. Sangre manchada de alcohol derretido, de la nada cirscunstancial. Todo lo que quise decir y se perdió en un laberinto o en un oscuro vacio. Y cuesta contener la respiración, pensar en algo más que la escena, el apocalipsis de la dermis en su lenta debacle, las noches por vivir y los oscuros pretextos para no liberar la mente y ser verdaderamente libre. O eso dice el diccionario.  Pasar la noche entera en una discoteca bebiendo y escuchando música, mimetizandose entre la gente. Pasar inadvertido cuando vas solo no es tan fácil, pero al final todo se entiende. Es de manual, espirales en la nada. Para al fin volver al alba, y ves a la gente tomando churros al salir. Y piensas en el dinero gastado, y las calorías ganadas. Y sólo desear acariciar la cama en una cuenta atrás, en un oscuro bordado de surcos silenciosos que se pierde entre los sueños.

miércoles, 26 de junio de 2019


Vísperas de julio. Las chicas con vestidos ajustados a rallas, sus labios pintados, y sus hermosas cintas floreadas recogiendo su pelo, y yo sin saber que decir. Sin saber hacia donde caminar. Todo arde, todo se difumina entre el calor y los olores.  Los tuneles estrechos de los callejones del centro  de Murcia. Los dias que se van y sus flechas que te atraviesan como graznidos de muda supervivencia. Como los extraños signos, como la soledad, frente a mí ellas me contemplan pero no me hablan. Queda mal hablar de follar, tras haber pasado un día de mierda de trabajo, de no estar verdaderamente. De no saber verdaderamente  como eres con esta rutina . Como si no fueras uno mismo, mientras no estas en tu lugar adecuado. Y si lo piensas, alguien te dirá: "Yo no puedo hacer nada por ti" Que les den. Yo soy como ellas, un resquicio autocomplaciente  en la soledad, en su silencio. Todo mal. El viejo pueblo con los rincones escondidos. El frío, el pasado y el cuerpo definitivamente absorbido por el sueño, ya rendido, pero siempre mecido hacia el viento. Como un jodido cabronazo autentico que busca su pasaporte en tu bolsillo hasta hacerte cerrar los ojos. Mientras la escritura sin alma inadvertida, perdida en el sudor humedo, sin nada que decir, ni una excusa para defenderme, ni un plano para saltar y esfumarme.

miércoles, 19 de junio de 2019



Noches que he jugado al fallout 4 explorando el yermo en solitario, negándome a jugar online. Negandome a matar a otro. Me decía a mi mismo que era por principios, tal vez simplemente fuera por la necesidad de no interactuar con nadie. Un nuevo punto de partida al final del extremo. Y me acuerdo que me planteaba entre abrime otra cerveza o sentarme aquí delante del ordenador a escribir. Y bebí muchas cervezas. Dormí muchas noches con la cabeza torcida en el sofá. Tantas que ni me acuerdo. La herida frente a la caja de capacidad azul, cuando se abre sale el chorro. Tu corazón acaba de explotar. Y vas a querer otro vaquero.Vas a querer no volver a pensar. Ya tan lejos, con las manos cansadas y la mente diezmada. Música que no dice adiós, y cucharillas para el postre. Subimos de nivel, y adquirimos nuevas capacidades, mientras perdemos algo parecido a eso que llaman alma. Doble negación, y en las noches, en el silencio que no nos plantee ninguna encrucijada. Decidir es una mierda, y mientras tanto todo lo que pasa. ´Los escupitajos, las maldiciones, La gente cercana, lastrada, condensada en la bebida, en la conversación vacía, el gusto redifinitorio que entierra a la emoción. Nunca te has parado a pensar en los años, los siglos, la desesperación, el templo patas arriba, y los besos que no olvidas. Y todo aquello que no has dado, porque aunque por mucho que lo pienses, por mucho que vayas de guay,  nunca ha existido. Pienso en el bajón, ponerme una serie y olvidarme del amor y las sustancias que me hacen sentir bien. Ya volvemos a pensar, perdidos con monstruos, solitarios en el bosque, irradiados de ausencia y despedida. Las perdidas y las drogas.  La entrada VIP a la discoteca, la sensación y la sonrisa del DJ jilipollas. Dientes en la boca polvorienta. Como si todo lo bueno fuera todos los días, y no existiera la ansiedad, latidos lentos, y el lecho bajo la cúpula lunar. Todo eso bajo tus ojos.












miércoles, 5 de junio de 2019


El aire, el razonamiento y el polvo. Escuchas pero no atiendes a nada. Quiero alcanzar el borde de tu falda. Soplar y cerrar los ojos.  La caja de cartón reteniendo los pensamientos, y el magnetismo de la voz de la diosa indie entre las brumas. Días en los que soñaba, saltaba hacía lo desconocido. O eso creía. Y como todo eso en la lentitud de los mecanismos cotidianos me ha atrapado. Un bucle. El infierno y tu punto de vista bajo un ojo de cristal. Diminutas particulas se acumulan sobre el marco del cuadro, donde nadie mirará, mientras el lado oscuro y salvaje entra en ebullición. Tus palabras eran mentiras que se camuflaban como la espuma en un caudal de indiferencia. Y no se veía nada. Todo valía. Casi nunca me acordaba, y no había con quien hablar. Y a pesar del viaje en el tiempo, todos dormían. Las horas oscuras en la noche, siempre tan raras. Tus ojos. El abismo. Decir que nadie cruzará este umbral, oír ruido de pasos tras de mí. Y al despertar, me decías que no sabías de que hablaba.

viernes, 31 de mayo de 2019


Las protagonistas y sus inseparables caprichos. Cuando parece que ya no pasará nada, Cuando empiezas a fumar para no ser marginada de la toma de decisiones. Te haces la interesante. Hablas de tias que salen por la noche sin sujetador y se creen alguien, mientras la mujer dj pincha en la yeseria. Yo te hablo de cuando mi dentista me pinchaba anestesia para sacarme la muela del juicio, y me hablaba de las serenatas que daba  las zagalas Julio Iglesias de joven en Murcia. Me dices que las tias que van maquilladas al gimnasio buscan rollo con algún monitor. No me miras y bostezas. Pasas de mí. Y dicen que de joven hiciste a más de uno llorar, pero ahora has cambiado, y ya no eres tan mala. Aunque sigues conservando ese punto de cabrona. Y a nuestro lado, Calvos enamorados, bien acompañados, dichosos benditos afortunados, perfumados y sonrientes,  reliquias vivientes e indoloras de la autocomplacencia, . A mí este rollo de hacerme el cultural me cansa. Yo lo que quiero es  follarte, viciosa e indiferentemente. Con esa distante placidez que confunde al tiempo y la vida. Y creo que así es mejor. Mucho mejor. Y me hablas, y me dices que todos juntos somos más, y ya pienso en olvidarte sin casi reconocerte. El fracaso se ha materializado, se ha relamido con precisión en mi pellejo. Las cosas son así. Cuando te apoyas en una pared y  piensas que tu vida es una mierda, ves a dos hormigas angustiadas tratando de arrastrar una cascara de pipa gigante en vertical. Y piensas que en el fondo tampoco está tan mal. Al final todo se compensa en horizontal.

jueves, 16 de mayo de 2019


Eliges tu videoclip ideal, en él aparecerá una chica joven con aspecto extranjero, parecerá francesa, de rasgos exóticos. Sonará la música, el organillo con sus teclas sostenidas y exigentemente despreocupadas. Sus labios apretados y ese mapa de lunares, serenos suaves y adjetivados, que al final probablemente solamente recorrerás en tu imaginación. Ella es bella, tan inmensamente bella y apetecible, como peligrosa.
Un mordisco y al capazo.
Y  Si este mes dejas de pagar algo, que sea a la psicóloga.

jueves, 9 de mayo de 2019



Nos aferramos a las letras, a los números,  a la continuada dictadura de la magnitud de sus reglas, y nos olvidamos  del cuerpo y su masa muscular,  de que cientos de insectos mueren en el parabrisas de mi coche todos los días mientras conduzco y me preocupo por el devenir. Me atrevo a pensar si se suicidaran o si la carretera les pillará distraídos mientras deciden a donde ir, y mi coche atraviesa sus diminutos cuerpos y chisporrotean mi visión ante mi continuada indiferencia. Y pienso en el primer café de la mañana. Y me despreocupo de mi carne salada, como la de miles de toneladas a lo largo de la historia, toda mierda nos importa demasiado, mientras se nos pasa la vida, mientras nos miramos el ombligo. Y nos olvidamos de cuantos nos parecemos más a lo salvaje. A lo irracional. De lo que nos gusta follar. De lo que nos gusta disfrutar revolcándonos en el fango, para al final corrernos. En el fondo nos gustaría perseguir a la presa, cazarla y sentir su calor entre nuestros colmillos retorcidos. Aunque esté mal decirlo. Y luego, la culpa.  Cirios sobre las paredes, luz vibrante, tu desprecio, y el corazón veloz que se pervierte, su comezón, y las faldas, las piernas de las erasmus italianas cruzando la Gran Vía. El metal con su sabor peculiar e indistinguible que nos atraviesa claro y contundente como un silencio rotundo.Todo lo que se hace, los sueños enfermos que se acurrucan en los nidos oscuros y llanos de la mente,  y te despiertas de nuevo en mitad de la madrugada desposeída, a las 4:44, con ganas de orinar historias como fuego, de liberarte de toda presión de un modo poético,  pero piensas en volver a dormir para rendir al día siguiente. Y Te acuerdas de ese niño que tiene miedo a cruzar, y luego se pierde en la noche helada. No sentir como estrategia muda para sobrevir. Mirar las rosas, como resurgir efímero sobre nuestras vilezas, sentir tu piel durante un segundo, pensando en no olvidarla, sobrepasando nuestro sudor, disecando nuestra acidez, apoderandose de nuestra palabra lejana, haciéndola huir de la demencia resacosa y misera de la carne.  Caprichosa, jugosa y demencial masa celular que se aprieta contra mis huesos, mientras miro el mundo pasar. Y no quiero pensar en eso, Pero que te voy a decir. Que queda de un muerto cuando su lengua es como goma escondida en los labios. La noche es pura ternura, cuchillos y resignación. La danza y tus manos, atrapando la noche en un suspiro, regresión, sutileza y ternura. Ya no cabe más aire en este viento, que a solas te acaricia, y se regresa, se acurruca y duerme en tu corona.Por encima de todo, en tu ausencia.

viernes, 26 de abril de 2019

Cuando las serpientes atacan a los caballos, hasta los reyes caen al río y se ahogan con sus pesadas armaduras. El murmullo, y las cosas que amar, se las comieron los sentidos en una jaula de resignación. Corre la sangre en el cuento confundida en una flor, tu cara, deslumbrada, y la mano metida en el bolsillo del pantalón. Fantasmas que dañan el mobiliario en su persistente recurrencia onírica. Cuerpos desnudos en el temblor, en su recuerdo, habitan lo que efímero, y al fin nada es. Ruido alrededor, y la costumbre derramada y humillada. Los muertos, el abuelo y el pecado.

jueves, 28 de febrero de 2019



A esas horas, libres y perdidas, en las que la mente está liberada, y las cadenas caen lentas, aflojando la mordaza. A esas horas cuando nadie te reclama y de la oscuridad emerge el deseo erguido, como una figura grabada en los muros toscos de la noche. Los labios, sedientos y olvidados, de un color especial, carnosos, calientes, solitarios, buscan su obscena redención. La pureza, la virtud son un espejismo, una falsa mentira para la carne que desatada busca su justa medida, alejada del espectro social de las mentiras del hombre.Miedo sobre miedo, por temor a perder el amor, la libertad.  El hueco social. ¿que somos cuando nos rompen nuestra ficha de vida ante nuestras narices? Toda tu vida pasa por delante. Y rebuscas presupuestos en los cajones, y encuentras cientos de facturas. Buscas en los huecos, pero no encuentras más que papeles que justifican la nobleza del momento presente. No eres una biografia organizada, sucesión de actos conexos, sino más bien una carretilla lenta repleta de facturas. Muchos días vives la jornada, crees perdonar y ser perdonado, pero acumulas. Y restas. Y así a esas horas, las sombras arrestan a los buenos propositos con cuchillos delirantes de exactiud. No hay luces cálidas para el corazón en el parrtir de media noche. Los pájaros en la madrugada marcan el camino de vuelta, no son sus ecos, sino tu mapa. Tratas de explicarles. Has perdido el sentido de la abreviación. Su indiferencia. La carta desconocida.

miércoles, 20 de febrero de 2019

 La mediocridad,
 inexpresiva,
 acechante como una bacteria silenciosa
 en el estomago que te persigue,
 se acopla a ti, que te acompaña siempre.
 Tu sufres, y ella sufre,
aunque en los manuales de los médicos te digan que ella se divierte a tu costa.
 Es mentira, una gran mentira.
 Todo lo que hay dentro de ti, siente como tu sientes,
 mucho más que cualquiera que pase frente a ti, te sonría y acaricie falsamente tu piel,
Todo lo que contiene tu bolsa de carne va contigo, eres tú.
 Todo lo que te devora y acaricia en silencio,
 te acompaña en cada instante.
 Aunque suene feo,
 Las trampas del sistema,
 y su vertebración endémica milenaria.
 Unos muchos, para unos pocos.
 Ellos dictan las reglas.
 Tú las reescribes en tu pizarra de carne, hueso y sangre
 cada día.
 Para no pensar,
 para no sufrir,
 la mediocridad,
 Como un beso que no das, y te contagias a ti mismo,
 como un paréntesis faraonico en dos líneas,
 que esconde un dolor inmenso.
 Como ese beso que sí que das,
 y de aterciopelada mediocridad,
que ya ni reconoces,
 saliba, deshiela el desencanto.
 Como otro período más de tiempo cubierto
En la urgencia de los minutos
 El aspa sucia de grafito mancillando la casilla blanca,
 vacía, inmaculada.
 Mientras te acaricias la barbilla
 y esperas la respuesta adecuada.
 No somos nada frente a la predestinación,
 el ADN y la probabilidad de enfermedades,
la tasa de mortandad y el vademecum,
 se escapa la respuesta sosegada,
 tu corazón tatuado con cristales rojos escarchados y lamentos de garganta.
 Llegan las facturas y cambian los dígitos en los cuadernos maravillosos.
 Se alejan las orillas,
 y derraman las ramblas en nudos de sudor retestinada en tu ausencia,
 ya no brillas como antes,
se difumina la perfección de la escultura de tus labios,
 no me seduces en el hueco gris de las tinieblas como hiciste,
 como yo me prometí verte,
ante mis ojos,
ya no te encuentro en tu pueblo sagrado de rocas blancas edulcoradas.
 El pensamiento, el espacio, se vuelven miserables
 cuando en la boca misma nos falta una silaba.
 En la esencia misma de lo que eras tú.

jueves, 7 de febrero de 2019



No te entregues, como si nada, no hagas más de este único momento una ofrenda a la derrota. Levántate, toma los libros que detestas y orina sobre sus frías cenizas al alba.
En el amanecer, que tengas de todo, menos arrepentimiento.
Me levanto. Como siempre. De esos días que te sientes como la sombra oscura de las grietas que habitas, como una suerte de espiritualidad cristalizada en la raíz misma del dolor. Y arrepentirme de tanto haber pensado en uno mismo. Y darme cuenta de que quizá me haya vuelto a contradecir.
Mierda. Y otra vez mierda.
Aunque me relaja saber que no existe nada que el fuego y la propia inercia  del tiempo no curen. Veámonos pues en el primer rellano. Si quieres yo me haré el disimulado. Volver a subir la escalera, y recordar perder trozos de mi mismo en cada escalón, bajo el peso de la obscena mentira que devoraba cuanto me rodeaba. Y los rostros que no volveras a ver, que habitan como fantasmas en las bancadas minuciosamente talladas de la exhausta memoria, solamente reemplazables por la dulzura de la caricia de los bellos licores. Un fundido en negro. Un pretencioso mini Big Bang interior, Y los grupos de amigas que te ven, y agarran el bolso por si acaso. Eramos dos sueños, las sombras, lo que eramos. Y ahora delante, Bourbon envejecido en doble barrica. La coraza. El perfume y la mano, los días sin retorno. Las risas con los amigos, descorchado otro atardecer, las nubes espumosas se deshacen sobre la risa cansada. A flote, los huesos y los jarrones. Ante tus ojos todo limpio, muy limpio. Asquerosamente limpio. No teneis ni idea. En el mismo hemisferio el dolor y el destino. Ni placer efimero, ni caldo de sopa que todo lo cura.  Ya no adorna aquel pozo sin fondo mi interior, de todo aquello un recuerdo, un museo, de esos por los que te paseas todos los días. Más allá de la niebla de la existencia perezosa poco más. Como desear no desear. No pensar.
Querer agarrarse a una idea, a una realidad socialmente aceptaday no soltarla. Eso nos dicen todos los días.
Y eso busqué
Mierda. Y otra vez mierda.
Como me gustaría reinventarme, alejado del centro, próximo a tu cintura. Como esperando, el licor de tus besos, dragones obscenos que me recorren el pecho acariciando, y corazones rojos. Tus piernas y el peligro. Cartas de poker vibrantes bajo las luces secretas, y una oscura mazmorra al final del tunel. Inalcanzable, la sed de ahora. Y nunca.
Un nuevo derrumbe, y yo cantando.


Vente y te abrazo.

jueves, 31 de enero de 2019

Febreros alcalinos


Pero ya se sabe,
a pesar del mundo,
la mirada maldita y la llama que nos alimenta,
aquello que pensamos que nos hace interesantes,
por encima de la inmensidad del desierto
y la soledad del océano sin horizonte,
se extingue con el hueco de silencio vacío
que queda tras la despedida del tiempo de los abuelos.

Tanto miedo a la muerte,
por creernos más cercanos a las sombras
 que al olor intenso de la carne
 nos empeñamos en buscar algo parecido al amor.

 Volveremos a empezar en la mitad del ciclo.
 Flores y silencio.
 El jarrón roto y el agua bajo los pies.

 Y a pesar de la negación,
  Aún queda dulzura en tu mirada definitivamente disconforme.
 Me miras, me escrutas y me odias. Quizá me toleras.
 Puede que nos amemos como la inmesirecorde resucitación del caos en cada aspecto de nuestra indolencia.

 Existir como principio, aunque a veces lo olvidamos,
 a pesar del desgaste del aire y del miedo.
 Y del silencio.

 Bendita inexpresividad que yace varada en los estertores últimos de la noche.
Tu cara como en un sueño, furioso, desolado por el viento,
 en el que recorro pasillos y paisajes para encender una luz, y que me des la buenas noches cuando despierto.
 Y busco el vaso.
 Y otra vez pienso que me he equivocado de pastillas.

  Y los atardeceres atenazando el deterioro, súbitos, sedientos, faltos de luz.
 Ahora tras lo peor,
tras ver la mirada apagada en la figura de la ausencia,
 los instantes tienen algo de alcalinos.
Más livianos. Más sencillos.
 Todo sabe mejor con un chorrico de limón.

 Tal vez todo esto sólo sea el arrastre lento y continuo de una percepción que nos devora.
 Mi nombre, mi aura, de animal perfumado.
 Mi vanidad, y las curas de humildad.
  Me describo y me desdibujo, y en mi ilusión busco tu amparo en el recuerdo
que me hace mucho más sordido el depsertar.

Y querer desear,
 cuando el lenguaje, las piernas y la edad
ya no perdonan.
Ni nada responde como antes.

 Que bonito el amor de los pájaros,
 los jóvenes,
 y yo cada día,
 queriendo parecerme más a los perros.

sábado, 5 de enero de 2019

Navidad 2.0

El temblor, pequeño e insignificante ante los ojos de los demás, lúgubre escena de la herida, dilata la sangre y atrapa la carne propia en el gesto eterno y disoluto de la aceptación del final más temido, el roce contra el cristal oscuro, la forma ruidosa del pecho, y el remolino de amalgama negra que extingue insaciablemente la llama en una digestión turbia, angulosa y putrefacta. Así, alma cansada traída desde el silencio, buscas el paso de las baldosas brillantes hacía las constelaciones sagradas. Pero ay de tu cuerpo sin sueño, tu corazón sin rumor, no sabes que se cuenta cuando se ve la muerte tan de cerca. Los segundos que se alargan, y las palabras que no se han dicho, ni los besos que no se han dado, jaula de oro para este trozo de carne pretencioso que ocupó un hueco en este frío espacio. Hoy tu dolor, la fiebre y el vomito de los dragones se sienten diferentes, apagados, vacíos, tan lejos de la luz, pero tan cercanos a mí pesar. La escena, el edulcorante resbaladizo y negro de la navidad, su mentira forrada de cartón rojo. Los labios vibrantes y cálidos que no se han besado. Que magnificencia nos atrapa que de la ilusión de la realidad, creemos sumergirnos cual criaturas celestes en este espejismo de tiempo y espacio prestado. La araña que deambula por el espíritu trepandolo y acechándolo, agasajandolo en su deriva pretenciosa. No son nada para nosotros los tiempos ni los sentimientos, cuando nos aferramos a la voluptuosidad de la materia. Queremos poseer, pero se nos escapan los abrazos, los momentos de amar, la compañía de otros. No existe tiempo cerca de la muerte, tan solo sensaciones. Ten cerca ese cuerpo cálido que amas, siente ese corazón. Vamos a bailar, a pensar en no pensar, a agarrarnos fuertemente mientras sentimos la música y las últimas luces que se extinguen en la fría infinitud del océano.

sábado, 22 de septiembre de 2018

¿Y si no me quiero volver a levantar?


Existen las cosas, esas que nos hacen alargarnos en las horas, esas que tanto nos gustan, como si fuéramos elásticos, criaturas contradictorias, restos de un árbol que ha caído de sus ramas vacío al deseo. Todo lo que es una invitación a algo maravilloso es un testigo de la noche. Un ojo que mira y se dilata. Con la calavera detrás, los huesos, y las manchas negras discontinuas no uniformes que tanto miedo dan pensar. Da miedo pensarlo, porque lo que hay ahí es peor que el abismo. ¿puedes pensar en algo más siniestro que un abismo? Las uñas siempre tratando de resucitar, y la gente que asiste al espectáculo, entre el público se han fijado en la vajilla, su brillo, su color, aunque ya no recuerdan el menú. El corazón una vez más ha vuelto a dar en el barro. Con toda su consistencia. Una tubería sucia y oscura, por la que transitan los asuntos del amor y la razón. Lo que tu soñabas, era sólo un rastro, una huella en el desconsuelo. La ciudad se resuelve por las mañanas, y se deshace en los lametones de sus heridas al atardecer. La noche es un largo túnel donde sólo el alcohol y los besos, amortiguan el peso oscuro del silencio, en una medida inimaginada, donde el viaje es una idea, donde la idea una percepción. Me despierto, me vuelvo a levantar, pero no te vuelvo a encontrar.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Fue fugaz, breve, efímera,
como una rosa
Aunque no me dio casi tiempo a verla,
 y mucho menos a olerla,
en cada momento
siempre recordamos
lo que es la esencia de una rosa.

jueves, 30 de agosto de 2018

Viernes

A medida que hablo me alejo más del tiempo, de su relativa sobriedad, me dejo vencer por el conformismo. Aunque tengo claro que de este fruto de la inercia, ya no seré yo. Esto que veo en el espejo, más viejo, menos dañino. Aunque tenga claro que no me encontrarás, la verdad, es que duele menos. Y hay otras formas, luces, risas y escaleras, pero no son para mí. No lo veo tan claro. Al menos eso creo. La gente ordena sus palabras y satisfacen todo cuanto place a sus cuerpos. La ven detrás a la muchacha, a través de una máquina que funciona con dolor y pájaros que caen. Con su nuevo vestidito azul. Cuando la miras. Esta fe, esta incierta mística literatura que aleja más de Dios a la pluma cae un poco más, , muerde un poco más el polvo en la noche. Pierde más a la razón. Aunque puede que realmente tampoco importe. Sólo la cerveza es más popular que la sangre. Hay una curva en cada cosa buena de esta vida. El sexo y sus manantiales cristalinos, la sensación de alivio, de tenerlo todo hecho al despertar. Me faltaba justo lo que buscaba, pero me he dejado llevar. En este viento, que me adormece y me acompaña, mientras el coche me lleva y me hace soñar. Y recordar de camino a casa, todo lo prestado.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Los cumpleaños son para las estrellas


< Cuando vas a un cuarto de baño ajeno a orinar y hay una ventana es inevitable mirar a través de ella. Es un acto reflejo, casi como sacudirtela cuando terminas. Lo haces y no sabes porque. Es como en algo pasa con Mary, meas y bajo tu punto de vista todo es inocente, y sin embargo, desde el otro lado eres considerado de lo peor. Una tarde, una buena tarde de ir varias veces al cuarto de baño, de observar los geranios del piso de abajo. De aguantar a una perra cuyos dueños le hablan como aun  macho,que  anuncie a bombo y platino cada vez que entras y sales, cada vez que levantes la voz. Nunca dejan de juzgarnos, ni tan siquiera cuando no tenemos nada que perder. Collages  de revista adolescente en la puerta del frigo. El tiempo corre, y el vodka aromatizado polaco arrastra vientos de cambio, nuevos proyectos, y esa nube suave y liviana que me mece lenta y dulcemente. Las orillas que imaginamos nos llevan a una juventud, una trastienda de reuniones selectas en la que todo parecía mejor. El mundo suyo, nuestro, y las letras flotando, coordinándose, encajándose. Como se puede, se vive. Y como se puede, se ríe. Las huellas de las garras sobre el cuerpo, que el momento, los minutos junto a la buena gente, que la ilusión se las borre. Y me acuerdo que yo he venido aquí a dos cumpleaños, a estrechar dos manos.  Y un abrazo. A no pensar, a desflorar el vacío, a desojar las incertidumbre de la enfermedad. A enterrar a la biología  y su destrucción en un foso escondido, ocultarla de nosotros, engañar al tiempo presumiendo de que aún somos jóvenes. ¿Que fuimos en el pasado? Sin posibilidad de volver, nos dimos a las buenas conversaciones, los licores y la compañía. La luz siempre abre la posibilidad de hacer desaparecer el hechizo. Hemos hecho, hemos querido, y ni la emoción, ni el ruido, ni el esqueleto aguantan la inseguridad y el peso del vacío, ese que te queda, que te dejan,  cuando todos se van, y te quedas solo.
Es injusto.
 Y Recorremos de vuelta,  las  calles de esta ciudad desierta, y sondeadora, que desafía a quien la quiera mirar de frente en su período de calurosa rabia femenina. Porque sí, aunque me miren mal, aunque me ensarten, esta ciudad es femenina y ama y odia por igual. Y a mí, en casi todos mis momentos me habita. Y yo la dormito.
Creo que después de todo, ha sido una buena tarde, dos cumpleaños para tres cumpleañeros. Copas, brindis y abrazos.
El futuro no importa.
Los buenos momentos, por los malos momentos.

martes, 10 de julio de 2018

Ojalá el dolor explotase como las flores, se sintiera como las flores, en su lenta agonía,  en su efimero resplandor de liberación y en mil pedazos acariciase al final, como una superación de un mal recuerdo, y  sólo quedasen retazos de color y aroma a primavera. Resueltos despojos de redención adornando con dulzura el lecho de la batalla. No existe nada más injusto que el dolor.  La soledad, dices de la soledad, hablas de la soledad, lo primero que escribiste fue sobre la soledad,  pero es mentira. La soledad sólo duele de verdad a los viejos y a los desamparados. El resto es un capricho burgués de refinada melancolía. El dolor propio, el que duele de verdad, nos asoma un poco más a ese abismo del que venimos, al cual vamos. No podemos pensar en Dios cuando hablamos del dolor propio. ¿donde se encuentra  cuando este aprieta de verdad?  El otro, el dolor de los demás, es pura especulación de nuestra capacidad de empatizar. Depende de lo que seamos capaces de amar, y de ese sentimiento  hacía otros. De nuestro autoinducido dolor, nacerán las lagrimas por alguien distinto a nosotros. Las derramarás, sentirás las células, los dientes y las trampas del tiempo. Lo que esperas, la verdad, las manos deseando aferrarse a algo, a alguien, son lo opuesto al hueco de la sombra. No hay nada en nuestra carne que nos acerque más a lo divino que lo que amamos, lo que sentimos de verdad, aunque no nos guste, aunque esto mismo no nos quiera. Aunque nos destruya esa suerte de espíritu extraño que nos ahonda y se aferra a los diminutos hoyuelos de nuestra piel con sus inacabables filos.Aunque sintamos que hayamos perdido la inocencia, que viajamos en un tranvía con trocitos de nosotros mezclados con los que nos han dado otros,  aunque nos guste hablar con las camareras, y nos creamos sentir un poco especiales. Y que elevemos a credo el poder de su mentira. De la buena mentira, de esa que ahora a ti te hace querer tener cerca a esa persona que te llena el espíritu y la carne, y te hace creer que hay para ti un hueco reservado en la eternidad.