viernes, 29 de septiembre de 2017



I
Convertidos los objetos en mi mismo, me siento como la estrella que surca el agua en una caída lenta, privilegio de mi vida, noche de labios y hielo, ilusión en la oscuridad, sol bendecido del pobre.
He perdido las ganas de ordenar las cosas que me rodean, y sólo me importa respirar y hacerme invisible a los demás. No se volver ¿Y hasta cuando? Me llaman por la calle,  pero no me vuelvo, que me importa, que parte ahí que no recuerdo de mí que no tenga escamas, que no esté condenada a repetirse, y duermo bajo cristales en un sofá marrón e infinito. Cuando me acuesto a dormir soy un gesto de austeridad.  Un silencio que no quiero pensar. Un océano químico de infinita pereza. Tengo un corazón de autentico infiltrado, y unas ganas enormes de recorrer tu cintura, de posarme en tus recovecos. de perderme en tu piel. Con la cara pálida, y la promesa nauseabunda,  todo pende de un hilo. Algo más, pero menor de lo que conoces, un libro, mil libros, y un botellín. Tengo fe, pero he dejado de andar a la mitad del camino. El roce y la batalla perdida, los muslos y la sed. Luego morirán los minutos, y los bárbaros años luz. Cuando ya no queda nadie, sobran las explicaciones, y una mitad de nada, vale menos que nada.



II
 Te encontré en una de aquellas salas que me trajeron mis momentos favoritos, desnuda entre humo, carne y demonios, fuiste como una anestesia de aire azul, huesos bendecidos, una efervescencia dulce y efímera que moría al respirar, que se posaba sobre mí, como la navaja al viento. Dejar de creer en inventariar. Mas que afuera, no hay ningún rostro humano que te haga reconocer la verdad. En la soledad  de recorrer el dulce jardín inglés, sin dioses ni dueños, eres un espejismo, una realidad desmedida que se niega, que duele, que atrapa y se repite. Tus llamas son tus manos, que me enferman, que me alejan, que se disuelven en tu indiferencia, te arropan en la alegría lejos de mí. La cartera, la destreza y el privilegio. La noche, y la hermosa despedida. Todo lo que conoces es uno, en un inmenso trayecto.

miércoles, 7 de junio de 2017


Ella tenía su sed. Su sed por conocer. Su sed por saber. La misma que le iba a causar mil y un problemas. Porque no conocía las innumerables ventajas del desconocimiento, del no saber. Del adormecimiento de la inquietud (no alentadora) Quizá era demasiado joven, y no había sufrido lo suficiente. El amor no era más que una piedra sudada, frita e irrepetible, en la que ella no se iba a sentir atrapada entre sus paredes. Nada de historias eufóricas o singulares de amor irrepetible. Al final todo era una cuestión de adaptación y acoplamiento, como un puzzle, más que un libro sagrado, al final todo lo cotidiano tiene un sentido más liviano y práctico, que espiritual. Al final, si lo piensas fríamente, asusta: porque es realmente simple.

viernes, 31 de marzo de 2017

jueves, 29 de diciembre de 2016

No hay causa, pero si espada que sangra en las manos. El sueño se enrolla en las raíces como un proscrito que emergerá a la nada al amanecer. El reloj es la puerta de arena, el bajo del coche trasero, que bajo su blando paso alumbrará un caballo en la despedida. Y cuando te des cuenta, la salvación y la herida serán la misma cosa.