jueves, 8 de diciembre de 2016

Respiras tranquilo, aunque escondes fuego en el corazón. Los motivos son como fogonazos que recorren tus venas. Aunque lo niegues, se te nota. Lo notan. La soledad cuenta de ti, más de lo que algunos dicen. Y piensas en salir del presidio de tus venas y asaltar algún barco pirata, de esos que surcan los mares oscuros de la noche libre, cargados de tesoros, cegados de mar sal y plata. Ya sabes, cantar una vieja canción de ron e incendios en lugares exóticos mientras afilas la espada, y piensas en plan "todo o nada". Y observas Esas miradas geométricas que te vuelven loco, en un campo solemne, en una pausa suave y lenta que te envuelve, y te preguntas a donde dirigirán el poso silencioso y predecible de sus ojos, y sus tacones ahogando las aceras con su vaivén tremendo e incesante. Rozando tus orejas, alejando el cielo callado de tus oídos. Y si todo lo entendiésemos tal cual: "Libre Cobro por minutos" reza el emblema en luces de colores del parking. Aunque no te gusten algunos días, al final, las horas pasan. Y tú con ellas.

sábado, 3 de diciembre de 2016

El señor de las horas frías

Él, lento y encorvado, ejercita un musculo y ella está en su pensamiento, obra en su interior un alma de tejido glorioso y dolorido que le hace evadirse de su realidad como en un lento e inexorable paso en un túnel oscuro. Como un virus apetente y astuto. Ella chupará la sal, y sanará momentáneamente la herida, con sus labios carnosos, ebrios de aventura y deseo. Se ofrecerá. Como una lagartija lo recorrerá y saboreará su piel reflexiva y dócil. Él la agarrará del pelo, y mirará su nuca desnuda ante el pelo recogido, le susurrará y con sigilo, una lagrima de saliva resbalará de su boca, y pensará si la quiere más por lo que es, o sólo por satisfacer la necesidad angulosa del momento. Pero se dice a si mismo, todo es cuestión de la situación. Amor y deseo. Forma, pensamiento y primavera animal. Entonces deseará que ella se arrodille ante él, pensando en su gozo, y luego él se arrimará, y se restregará hasta al fin arrodillarse, como buen adorador de la reciprocidad y del buen verso hecho flan. Morder y olvidar. Adiós a la tristeza y bienvenida a la hora bruja, copas con los amigos, y la noche solemne e insalubre abriéndose paso en un camino sudoroso de maná de alcoholes, amor desplegado como luz de fuego a la sombra de las velas y bofetadas continuas a la razón. Él Llevará cuidado por no tropezar con el agua, ni con el desprecio de las personas que a hierro juzgan su avaricia incontinente ante la calidez de la lluvia saturada y ebria. Entonces, sonreirá, mientras mira las botellas satisfechas bajo la caricia de los neones, y volverá a pensar en ella en todas sus situaciones, en todos sus perfiles, virtudes y desdichas. Y pensará en follarla, y luego si cabe, si la ocasión también se presta, quizá también en amarla.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Las ganas

Recorro los mismos pasillos de madrugada. Tristemente caballos blancos corren junto a océanos dorados, en la fragilidad del sueño que no llega. Escribo desde espacios muertos, con la torpeza de un hueso sin alma. Pura imperfección, cuando quema mi lengua entre mis dientes imperfectos y moribundos. Me gasto el dinero, y pongo mis ojos en la solidez de un muro de roca que contenga el mar. Sin filtraciones. No existe hecho, sino memoria de la soledad descalza,subiendo una escalera. Y espero tranquilo. Echo la vista atrás, y pienso en los ratos cedidos por otros, de mi misma línea, pero no los conozco, dolientes y callados por el cuerpo vencido, se pierden en la nada, como el humo, sólo hervidos en mi imaginación, como una sopa de pollo escasa, pero natural, sin conservantes ni colorantes. Pero al fin y al cabo 100% cancerigena. Y toco mi pelo. Toda la cultura, todo lo vivido, cede inexorablemente ante el dolor. Nuestros murmullos ni tan siquiera rozarán los límites obscenos de la vida. Me gustaría tenerte a mi lado, y dejarme caer sobre ti, como el error flagrante que busca refugio en la fina y distinguida corrección de unos labios afilados y una mano firme. Y es que ya no me importa. Tener o no razón es una estupidez. Los días, las horas y la sensación son lo que cuentan. El orgullo es un invento del siglo pasado, y a estas horas, cuando ya nadie me espera, cuando ya nadie me cuenta, quisiera derramarme sobre ti con la fluidez y lentitud de un tronco herido de sabía sangrante, que arroya y acaricia cuanto encuentra a su paso. Dulce y suavemente.

sábado, 19 de noviembre de 2016

El orgullo, y su fuerza de transición, como un desastre, como el amor y la enfermedad. Enciendes la chimenea, y preñada la luz calla la sombra. Con un transistor que emite intermitentemente señales de dolor y ternura te deslizas ante mí como una fuerza ajena que me hace caer. De la rosa un tesoro, suerte incorrecta infinita, que asoma a la desdicha como un recuerdo. Estornudas y yo te contemplo como a la bebida, mimetizado con las cortinas, en comunión con la nada, ansioso de llenarme de ti. Llueven los números y pienso en salir de fiesta y presumir. Y engancharme a algo cálido que me haga olvidar. La mierda y el espacio. Tanto te anhelo que hasta de ti se me perfuma la sangre. Soy una interrupción, un paréntesis en la tarde agonizante, un tequila y un espacio cuadrado. Salgo de la madriguera con la carne encendida, atravieso el cesped del jardín entre crujientes destellos de hierba rota. Los arboles y los ojos, como un misterio, buscando la estrella polar, como el agua que cae, húmeda, razonable y sincera. Te acoges a mí con la llamada al hambre, te asomas, te restriegas y yo me sumerjo en ese juego de aceros y silencios que de alguna forma me hace sentir cerca de ti.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Más allá de noviembre

La espuma, esencia de vida, padre de los cielos y madre majestuosa del oceano, que me relaja, y gira en mi boca atrapada por mi sed. Hay carne deseada en mil noches y palabras atrapadas en tormentas. Me abrazo a las palmeras. No puedo morder el pan, pero ansío con todos mis afilados y emplumados colmillos todas sus migajas. La memoria me trae recuerdos de viejo, de rey del frío, orinando en un cuarto de baño de mármol de pedigree mientras me miraba el ombligo. La memoria me trae recuerdos de vermouth, mientras me tomo otro vermouth, pero ya no es el mismo sabor, ni tampoco la misma sensación. Ni tampoco lo espero. De una época mirar al techo ver un artesonado y pensar en Carlos V, y su madre, trayendolo al mundo en un retrete. Cuantas cosas que contar sobre la taza de un wc, la vida y la muerte que quieres olvidar. Diciembre a las 3:30 de la mañana. Y luego es empezar. El nuevo orden es una realidad que se explica con trozos de tiempo y barra de bar. La caridad es un beso, un beso anclado en mi barba perfumada por el rocío de la flor del desierto. Del presente fluye la resurreción con pequeñas dosis de rechazo intermitente. La furia y el amor, contra el tiempo, como un reflejo, tocando la carne, saboreando la herida.