domingo, 18 de febrero de 2018

Plasmas y neones se derriten ante tus ojos cansados, y queda afrontar el desafío de las leyes de la física en los sueños, y soportar los efectos de la química en el cuerpo. Lo que comemos, bebemos y soñamos. La fiebre, el aire y el espanto. La respiración contenida. La llave del segundo está aquí, cuando decidimos, cuando a oscuras en la cama buscamos un cuerpo al que abrazar. El ciclo reescribirá sus órbitas, aunque con nombres distintos, y lo que quede de nosotros asomará al polvo como las abejas a la jalea. Y el sueño de la niña. Pese al gran saqueo que has hecho de la realidad, por desgracia, hijo, no vamos a perdonarte. No retrocedas por el temor. La tristeza no nos deja ser,no nos deja salir, y el miedo nos consume como una zorra en un gallinero de madrugada. Estamos hartos, cansados y asqueados, sin embargo no podemos evitarlo. Ver de cerca la muerte te da que pensar. Para aquellos que pretendían los cielos y negaron la evidencia certera del peso de la realidad no habrá homenajes. Piadoso o sanguinario nómada, no importa, estás solo. No hay mayor certeza en esta existencia que la singularidad del uno, y su infinita soledad.

miércoles, 31 de enero de 2018

viernes, 29 de septiembre de 2017



I
Convertidos los objetos en mi mismo, me siento como la estrella que surca el agua en una caída lenta, privilegio de mi vida, noche de labios y hielo, ilusión en la oscuridad, sol bendecido del pobre.
He perdido las ganas de ordenar las cosas que me rodean, y sólo me importa respirar y hacerme invisible a los demás. No se volver ¿Y hasta cuando? Me llaman por la calle,  pero no me vuelvo, que me importa, que parte ahí que no recuerdo de mí que no tenga escamas, que no esté condenada a repetirse, y duermo bajo cristales en un sofá marrón e infinito. Cuando me acuesto a dormir soy un gesto de austeridad.  Un silencio que no quiero pensar. Un océano químico de infinita pereza. Tengo un corazón de autentico infiltrado, y unas ganas enormes de recorrer tu cintura, de posarme en tus recovecos. de perderme en tu piel. Con la cara pálida, y la promesa nauseabunda,  todo pende de un hilo. Algo más, pero menor de lo que conoces, un libro, mil libros, y un botellín. Tengo fe, pero he dejado de andar a la mitad del camino. El roce y la batalla perdida, los muslos y la sed. Luego morirán los minutos, y los bárbaros años luz. Cuando ya no queda nadie, sobran las explicaciones, y una mitad de nada, vale menos que nada.



II
 Te encontré en una de aquellas salas que me trajeron mis momentos favoritos, desnuda entre humo, carne y demonios, fuiste como una anestesia de aire azul, huesos bendecidos, una efervescencia dulce y efímera que moría al respirar, que se posaba sobre mí, como la navaja al viento. Dejar de creer en inventariar. Mas que afuera, no hay ningún rostro humano que te haga reconocer la verdad. En la soledad  de recorrer el dulce jardín inglés, sin dioses ni dueños, eres un espejismo, una realidad desmedida que se niega, que duele, que atrapa y se repite. Tus llamas son tus manos, que me enferman, que me alejan, que se disuelven en tu indiferencia, te arropan en la alegría lejos de mí. La cartera, la destreza y el privilegio. La noche, y la hermosa despedida. Todo lo que conoces es uno, en un inmenso trayecto.

miércoles, 7 de junio de 2017


Ella tenía su sed. Su sed por conocer. Su sed por saber. La misma que le iba a causar mil y un problemas. Porque no conocía las innumerables ventajas del desconocimiento, del no saber. Del adormecimiento de la inquietud (no alentadora) Quizá era demasiado joven, y no había sufrido lo suficiente. El amor no era más que una piedra sudada, frita e irrepetible, en la que ella no se iba a sentir atrapada entre sus paredes. Nada de historias eufóricas o singulares de amor irrepetible. Al final todo era una cuestión de adaptación y acoplamiento, como un puzzle, más que un libro sagrado, al final todo lo cotidiano tiene un sentido más liviano y práctico, que espiritual. Al final, si lo piensas fríamente, asusta: porque es realmente simple.