miércoles, 19 de junio de 2019



Noches que he jugado al fallout 4 explorando el yermo en solitario, negándome a jugar online. Negandome a matar a otro. Me decía a mi mismo que era por principios, tal vez simplemente fuera por la necesidad de no interactuar con nadie. Un nuevo punto de partida al final del extremo. Y me acuerdo que me planteaba entre abrime otra cerveza o sentarme aquí delante del ordenador a escribir. Y bebí muchas cervezas. Dormí muchas noches con la cabeza torcida en el sofá. Tantas que ni me acuerdo. La herida frente a la caja de capacidad azul, cuando se abre sale el chorro. Tu corazón acaba de explotar. Y vas a querer otro vaquero.Vas a querer no volver a pensar. Ya tan lejos, con las manos cansadas y la mente diezmada. Música que no dice adiós, y cucharillas para el postre. Subimos de nivel, y adquirimos nuevas capacidades, mientras perdemos algo parecido a eso que llaman alma. Doble negación, y en las noches, en el silencio que no nos plantee ninguna encrucijada. Decidir es una mierda, y mientras tanto todo lo que pasa. ´Los escupitajos, las maldiciones, La gente cercana, lastrada, condensada en la bebida, en la conversación vacía, el gusto redifinitorio que entierra a la emoción. Nunca te has parado a pensar en los años, los siglos, la desesperación, el templo patas arriba, y los besos que no olvidas. Y todo aquello que no has dado, porque aunque por mucho que lo pienses, por mucho que vayas de guay,  nunca ha existido. Pienso en el bajón, ponerme una serie y olvidarme del amor y las sustancias que me hacen sentir bien. Ya volvemos a pensar, perdidos con monstruos, solitarios en el bosque, irradiados de ausencia y despedida. Las perdidas y las drogas.  La entrada VIP a la discoteca, la sensación y la sonrisa del DJ jilipollas. Dientes en la boca polvorienta. Como si todo lo bueno fuera todos los días, y no existiera la ansiedad, latidos lentos, y el lecho bajo la cúpula lunar. Todo eso bajo tus ojos.












miércoles, 5 de junio de 2019


El aire, el razonamiento y el polvo. Escuchas pero no atiendes a nada. Quiero alcanzar el borde de tu falda. Soplar y cerrar los ojos.  La caja de cartón reteniendo los pensamientos, y el magnetismo de la voz de la diosa indie entre las brumas. Días en los que soñaba, saltaba hacía lo desconocido. O eso creía. Y como todo eso en la lentitud de los mecanismos cotidianos me ha atrapado. Un bucle. El infierno y tu punto de vista bajo un ojo de cristal. Diminutas particulas se acumulan sobre el marco del cuadro, donde nadie mirará, mientras el lado oscuro y salvaje entra en ebullición. Tus palabras eran mentiras que se camuflaban como la espuma en un caudal de indiferencia. Y no se veía nada. Todo valía. Casi nunca me acordaba, y no había con quien hablar. Y a pesar del viaje en el tiempo, todos dormían. Las horas oscuras en la noche, siempre tan raras. Tus ojos. El abismo. Decir que nadie cruzará este umbral, oír ruido de pasos tras de mí. Y al despertar, me decías que no sabías de que hablaba.

viernes, 31 de mayo de 2019


Las protagonistas y sus inseparables caprichos. Cuando parece que ya no pasará nada, Cuando empiezas a fumar para no ser marginada de la toma de decisiones. Te haces la interesante. Hablas de tias que salen por la noche sin sujetador y se creen alguien, mientras la mujer dj pincha en la yeseria. Yo te hablo de cuando mi dentista me pinchaba anestesia para sacarme la muela del juicio, y me hablaba de las serenatas que daba  las zagalas Julio Iglesias de joven en Murcia. Me dices que las tias que van maquilladas al gimnasio buscan rollo con algún monitor. No me miras y bostezas. Pasas de mí. Y dicen que de joven hiciste a más de uno llorar, pero ahora has cambiado, y ya no eres tan mala. Aunque sigues conservando ese punto de cabrona. Y a nuestro lado, Calvos enamorados, bien acompañados, dichosos benditos afortunados, perfumados y sonrientes,  reliquias vivientes e indoloras de la autocomplacencia, . A mí este rollo de hacerme el cultural me cansa. Yo lo que quiero es  follarte, viciosa e indiferentemente. Con esa distante placidez que confunde al tiempo y la vida. Y creo que así es mejor. Mucho mejor. Y me hablas, y me dices que todos juntos somos más, y ya pienso en olvidarte sin casi reconocerte. El fracaso se ha materializado, se ha relamido con precisión en mi pellejo. Las cosas son así. Cuando te apoyas en una pared y  piensas que tu vida es una mierda, ves a dos hormigas angustiadas tratando de arrastrar una cascara de pipa gigante en vertical. Y piensas que en el fondo tampoco está tan mal. Al final todo se compensa en horizontal.

jueves, 16 de mayo de 2019


Eliges tu videoclip ideal, en él aparecerá una chica joven con aspecto extranjero, parecerá francesa, de rasgos exóticos. Sonará la música, el organillo con sus teclas sostenidas y exigentemente despreocupadas. Sus labios apretados y ese mapa de lunares, serenos suaves y adjetivados, que al final probablemente solamente recorrerás en tu imaginación. Ella es bella, tan inmensamente bella y apetecible, como peligrosa.
Un mordisco y al capazo.
Y  Si este mes dejas de pagar algo, que sea a la psicóloga.

jueves, 9 de mayo de 2019



Nos aferramos a las letras, a los números,  a la continuada dictadura de la magnitud de sus reglas, y nos olvidamos  del cuerpo y su masa muscular,  de que cientos de insectos mueren en el parabrisas de mi coche todos los días mientras conduzco y me preocupo por el devenir. Me atrevo a pensar si se suicidaran o si la carretera les pillará distraídos mientras deciden a donde ir, y mi coche atraviesa sus diminutos cuerpos y chisporrotean mi visión ante mi continuada indiferencia. Y pienso en el primer café de la mañana. Y me despreocupo de mi carne salada, como la de miles de toneladas a lo largo de la historia, toda mierda nos importa demasiado, mientras se nos pasa la vida, mientras nos miramos el ombligo. Y nos olvidamos de cuantos nos parecemos más a lo salvaje. A lo irracional. De lo que nos gusta follar. De lo que nos gusta disfrutar revolcándonos en el fango, para al final corrernos. En el fondo nos gustaría perseguir a la presa, cazarla y sentir su calor entre nuestros colmillos retorcidos. Aunque esté mal decirlo. Y luego, la culpa.  Cirios sobre las paredes, luz vibrante, tu desprecio, y el corazón veloz que se pervierte, su comezón, y las faldas, las piernas de las erasmus italianas cruzando la Gran Vía. El metal con su sabor peculiar e indistinguible que nos atraviesa claro y contundente como un silencio rotundo.Todo lo que se hace, los sueños enfermos que se acurrucan en los nidos oscuros y llanos de la mente,  y te despiertas de nuevo en mitad de la madrugada desposeída, a las 4:44, con ganas de orinar historias como fuego, de liberarte de toda presión de un modo poético,  pero piensas en volver a dormir para rendir al día siguiente. Y Te acuerdas de ese niño que tiene miedo a cruzar, y luego se pierde en la noche helada. No sentir como estrategia muda para sobrevir. Mirar las rosas, como resurgir efímero sobre nuestras vilezas, sentir tu piel durante un segundo, pensando en no olvidarla, sobrepasando nuestro sudor, disecando nuestra acidez, apoderandose de nuestra palabra lejana, haciéndola huir de la demencia resacosa y misera de la carne.  Caprichosa, jugosa y demencial masa celular que se aprieta contra mis huesos, mientras miro el mundo pasar. Y no quiero pensar en eso, Pero que te voy a decir. Que queda de un muerto cuando su lengua es como goma escondida en los labios. La noche es pura ternura, cuchillos y resignación. La danza y tus manos, atrapando la noche en un suspiro, regresión, sutileza y ternura. Ya no cabe más aire en este viento, que a solas te acaricia, y se regresa, se acurruca y duerme en tu corona.Por encima de todo, en tu ausencia.